Una mañana, después de un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se despertó convertido en un monstruoso insecto.


 

Hubo un domingo en que, de repente, los burros aprendieron a tocar la flauta. Las putas cerraron las piernas. Los hombres ya no mintieron. La tele se hizo sabia. Hubo amor en lugar de odio. Los zombies comieron verduras. Varios vampiros donaron sangre. En México reinó la concordia. No hubo disparos, ni ejecuciones. Y los políticos de todo el mundo actuaron con sensatez.

Extraño, todo fue muy extraño a lo largo de aquel domingo, según se lee en los diarios que circularon el día después, cuando todo volvió a la normalidad, y la gente siguió muriendo asesinada por no pagar sus drogas, o por pensar diferente.

Normal

La próxima semana se cumple un año de la muerte de mi hermano. Y me sigue doliendo mucho que ya no esté aquí, al menos físicamente. Porque ahora sólo quedan recuerdos. Y una caja donde están sus cenizas, que puedo ver en este instante, mientras escribo. No sé cómo vivan su duelo otras personas. Me pregunto si en verdad llegan a resignarse, o nomás se hacen los fuertes. A mí me sigue costando aceptar que se fue. Lo extraño, y esta semana, en particular, he estado muy triste. Sin ánimos. Roto. Llorando en cualquier parte. Quisiera haber tenido la oportunidad de despedirme de él, mientras seguía con vida. De decirle que siempre lo admiré por la forma en que soportó su enfermedad, por el  valor que siempre demostró, y que yo nunca tendré. Pero no hubo tiempo. Todo se dio demasiado rápido. De un momento a otro, se fue mi mejor amigo. A quien agradezco muchas cosas. Como la complicidad que logramos (para hacer enojar a mi padre, ja). Su alegría. La paciencia que me tuvo. Todo el cariño que nos regaló. Las ocasiones en que fue mi copiloto, o fuimos juntos al cine, a ver las películas de los Piratas del Caribe. Todos esos momentos que, al venir a mi mente, me dan la ilusión de que está vivo. De que más tarde, cuando baje las escaleras, él estará ahí, sonriendo. Aquí, en su casa, con su familia. Con los que siempre lo quisimos.

Un amigo del trabajo me pasó ayer una copia ilegal (no podía ser de otra forma) de "Machete", el proyecto que comenzó como una broma en Grindhouse, y que Robert Rodríguez terminó por convertir en un largometraje.

Justo acabo de ver la película. En inglés y con "extraños" movimientos de cámara (no del director, sino del tipo que se pirateó la movie de algún cine de EU).

No sé cuándo se estrene en México. Espero que pronto. Aunque, como ya adelanté en el título del post, la historia me decepcionó.

Sí, “Machete” tiene todos los elementos que uno espera ver en un filme de Robert Rodríguez: violencia, mucha violencia,  chicas voluptuosas, sexo, absurdos, quotable lines ("You've just fucked with the wrong mexican"), y bromas grotescas.

Lohan


Está bien. Los fans no podrán sentirse decepcionados.

Para mí, la falla de "Machete" está en que Robert Rodríguez la hizo con las tripas.

Se preocupó más por hacer un discurso político a favor de los migrantes, que por contar una historia.

Es lo que percibí.

"Machete" es una pancarta que dice: ¡Pinches gringos, putos todos! ¡Viva México, cabrones!

Es maniquea.

Todos los gringos malos y decadentes (incluyendo a Lindsay Lohan, que sale de encueratriz drogadicta –¿por qué será?-)contra los mexicanos buenos, y chingones.

Es una revancha en la pantalla grande, encabezada por el propio "Machete", Danny Trejo (rifado), un federal mexicano que lo pierde todo en una disputa con un narco, y termina en EU, donde tiene que enfrentarse al senador McLaughlin (Robert De Niro), que propone como lema de campaña para su reelección una barda electrificada para que ya no pasen más mexicanos.

Machete1

"Machete" se convierte en una catarsis que puede ser similar a la que sintieron algunos  judíos cuando vieron a Hitler ser acribillado en "Bastardos sin gloria".

Como mexicano, cuando la ves, con todo el contexto de la Ley SB1070 de Arizona, y toda una tradición de agravios en la frontera,  te sientes complacido de que los migrantes le partan la madre a los gringos racistas.

Pero ahí la trampa. Es una historia políticamente correcta. Que no genera más preguntas sobre el tema de la migración ilegal. Es un escupitajo en la cara de la migra. Y ya.

Creo que como película se queda corta. Me aburrió por algunos momentos. Y no me hizo reír demasiado. Pero cuando la vean, o si ya lo hicieron,  quizá me digan: ah, pues claro que "Machete" es maniquea, o una caricatura, porque así debe ser una B Movie, o un Exploitation film, de eso se trataba, duh.

Y puede que tengan razón.

Lo que sí tengo que destacar de "Machete" es lo potabilísima que se ve Michelle Rodríguez con un parche en el ojo,  masacrando a un montón de antiinmigrantes.

 Parche

De los personajes de Jessica Alba y de Lindsay Lohan sólo puedo decir: mñeh. Y en cuanto a Steven Seagal, es gracioso escucharlo  diciendo leperadas en español. Y ya.

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