Te esperé un minuto, un mes, el año y hasta el día de hoy en recuerdo de aquel beso. Creo que fue la semana pasada; quizá me equivoco y fue hace más tiempo. Sólo sé que me besaste y te marchaste. Quedé afuera de mi casa con una tonta sonrisa que ni mi madre y su llanto quitaron. Seguí con ella incluso hasta cuando supe que te habías ido con otra, con ella: delgada, alta, blanca.

Comprendí que su belleza me superaba en mucho: gorda, morena y sin gracia, no podía bailar y menos moverme con su delicadeza. Pero yo seguí sonriendo porque me alegró saber que esa gracia que te había cautivado era más placentera que lo que yo te ofrecí.

Estuve sentada en la banqueta, tejiendo, siendo una observadora de la vida y la actriz de reparto de mi propia obra de teatro. Esperé tus labios, tus manos y recordando el sonido de aquel: “ahorita vuelvo bonita”.

En aquel camino de tierra que iba a la iglesia del pueblo te fuiste abrazándola y poco después te vi entrar con ella a la iglesia. Yo sabía que no volverías a mi puerta, ni te escucharía a través de la reja de mi ventana. Mi apá no se enojaría más que te pasaste del tiempo para echar novio y mis hermanos no se encelarían más de ti. Yo sonreía para imitar su elegancia, su soltura, su presencia, su altivez.

Ella se te cruzó en la esquina de mi casa. Noté cuando le sujetaste la mano; no volteaste hacia mí, seguro porque la vergüenza de dejarme sola te invadió. Sonreía, sus dientes blancos, completos, me impresionaron. Dicen que mi sonrisa es linda pero la de ella es hermosa. Por eso seguí sonriendo, a pesar de tu partida, a pesar de tu abandono, así me acordaría de ti siempre, así podría competir con ella.

Hoy ella volvió a mi casa. El camino había sido pavimentado hace tiempo mientras yo te esperaba. Seguro supiste que pusieron agua y luz en el pueblo, pero no te enteraste que yo suspiraba al ir al cine y ver a las parejas enamoradas. La vi frente a mí, aún era bella y la envidié. Hice una mueca. Ella estaba sonriendo. Recordé aquel último beso y suspiré, también sonreí, incluso me sonrojé. Ella me tendió la mano y lloré de alegría.


Ella, siempre Catrina, siempre bella, que me alejó de ti un día, volvió para llevarme contigo. En la puerta de la iglesia estabas tu esperándome, vestido de negro, cumpliendo tu promesa de hace años. Ella hizo de madrina y me entregó a tus brazos, y yo, novia virgen, novia de pueblo, vestida de blanco, recordé tu beso, cerré los ojos, suspiré y sonreí por última y eterna vez.


DE TAZY PARA EL GANSO

5 Comments:

  1. tazy said...
    Creo que lucí con este premio en específico jojojoj

    QUÉ!, A MÍ SI ME GUSTÓ MI TEXTO, JUM!
    El Ganso said...
    Muchas gracias Tazy, con premios como este procuraré ganar siempre tus concursos.
    chilangelina said...
    Ash, Tazy ya se piropeo, ahora que hacemos???

    Ya se, vamonos todos al Licuado Mental...
    sirako said...
    licuado!! licuado!!


    (clap clap)
    El Taquero Narcosatánico said...
    Pero qué bonit...

    Chale, esa tazy lo arruina todo.

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