Volveremos a bloguear

La luz: la piel del mundo.

José Emilio Pacheco



Han pasado muchas cosas. Se cumplió un mes de la muerte de mi hermano. Encontré un nuevo empleo. Me publicaron algunas notas. Conocía a Tim Berners, padre de la web, según dicen por ahí. Entrevisté a Neri Vela, primer astronauta mexicano. Fui a Campus Party. Tiré un refresco en mi mochila, y descompuse mi cámara (duh). Y he vuelto a escribir en este blog, que estaba muy abandonado. Seguimos adelante. Ah, sí, también compré el Ten, de Pearl Jam. Rifado.

Kite

Hermano:

 

No sé si estoy listo para escribir sobre ti. Es demasiado pronto. 14 días. Todavía no puedo asimilarlo. Me parece absurdo que ya no estés con nosotros. Al menos no físicamente.

Te veo y te escucho a cada momento. Sobre todo en los lugares donde estuvimos juntos. Recuerdo tus palabras. Tus gestos. Y te extraño. Te extraño mucho, hermanito.

Por eso te escribo esto. Aunque tal vez no sea lo más apropiado. Porque no quisiera decir algo que no sea honesto. Ni exponer de forma innecesaria, ante personas que no conocemos, los recuerdos que guardo de ti.

Pero siento la necesidad de hacerlo. Y lo haré. Por distintos motivos.

El primero, es compartir contigo esto que hago, desde hace tiempo: escribir en un blog. Lo disfruto mucho. En general, me gusta escribir. No es algo que haya hablado contigo; pero mira, lo estoy haciendo ahora.

El segundo motivo, y el más importante, es recrearte con palabras. Cuando vemos tus fotos, mis padres y yo, o cuando recordamos tus frases, tus programas favoritos, incluso lo que te molestaba, sentimos que estás con nosotros. Cerca, muy cerca. Lo mismo me ocurre en este momento. Al escribir sobre ti, siento que me estás observando, que sonríes, que puedo abrazarte, y decirte que te quiero.

Perdóname por exponer esto en un blog. Tenía que escribir sobre ti. No podía hablar sobre alguien más.

Gracias por los 22 años que pasaste con nosotros. Siempre vas a estar aquí, en nuestra mente, en nuestra alma. En el corazón de tu familia. Que a cada momento pide porque estés en un lugar mejor. Tranquilo. Sin la enfermedad que te acompañó durante toda tu vida. Feliz. Pleno.

Gracias por todo, hermano. Por todo el amor que nos diste. Ahora, descansa en paz.

Ya nos encontraremos.

 

 

Este video me trae loco

KATE BECKINSALE: The Sexiest Woman Alive

Money, money, money

El dinero, como dice Borges en El Zahir, es un repertorio de futuros posibles.

Ahora mismo, con tan sólo 10 pesos, podrías cambiar tu vida.

¿Cómo? Bueno, podrías comprar un boleto para ganar algún sorteo. O usar esa moneda para limpiarle la cerilla a una viuda sexy, ligártela, robar su fortuna, y emplearla para comprar cientos de boletitos que te hagan ganar un sorteo.

También podrías comprar boletos del Metro, recorrer toda la Ciudad, y esperar a que entre tanto viaje se te ocurra escribir una obra maestra. No sé, algo así como El Ulises, de Joyce. Luego, con las regalías, podrías comprar millones de tickets para ganar algún sorteo…

Por desgracia, la ciencia todavía no tiene la fórmula para que el dinero crezca en los árboles (mugres científicos, bolsones). Así que, para conseguirlo, es necesario trabajar. ¡Vaya locura! La verdad es que yo he trabajado muy poco tiempo. Acaso año y medio. Y en ese lapso, en muy pocas ocasiones he gastado el dinero en mí.

Aquí es donde el post se pone serio. Más o menos. La pregunta es: ¿hasta que punto uno debe ser egoísta con su sueldo? ¿Es un deber ético darle una parte a nuestros padres? ¿O a nuestros familiares? ¿O a nuestra pareja (yo no tengo, pero espero tener una en el 2040)?

Platicando con mis compañeros de trabajo, me doy cuenta de que la mayoría usa todo su salario para su propio beneficio. Acaso le compran un “regalito” a sus papás, a sus hermanos, o a su perro Boby. Pero hasta ahí.

Claro que cada uno de nosotros tiene contextos distintos. En mi caso, desde que entré a trabajar, mi padre dejó de percibir un ingreso fijo. Además, se hizo de muchas deudas. Entonces, en el tiempo que gané una buena suma, lo ayudé. Según él, le hice un préstamo, pero es obvio que nunca le voy a cobrar.

Por lo regular, me hace sentir bien colaborar con la mayoría de los gastos. Ahora mismo, “gran parte” de mi ínfimo salario va directo “a la casa”. Pero a veces, para ser sincero, quisiera dejarme llevar por el egoísmo. Comprarme ropa, discos, novelas, viajar, invitar a una chava al cine, poner uno de a 100 en la tanga de una teibolera, pagarme la depilación de axilas (jo).

No sé, siento que me presiono demasiado. Que trato de llevar sobre mi espalda culpas que no me corresponden. Que soy como Jack, de Lost, al tratar de arreglarlo todo, aunque no lo haya roto yo (el florero ya estaba así). ¿Pero cómo evadir la responsabilidad? Creo que no puedo hacerlo.

Y por desgracia, el no tener dinero te priva de muchas cosas. Te cierra “futuros posibles”. Aunque, ayudar a mi familia también me pone muy contento. En fin. Tal vez si comprara boletitos de algún sorteo…

Como ya se habrán dado cuenta, el tema me hace entrar en contradicciones. Además, he estado bebiendo rompope. Pero díganme qué opinan. Ay nos vidrios.

Hay que encontrar un género de elogios mecánicos que, a diferencia de los malos elogios comunes y corrientes, sean mecánicos de verdad, es decir, fabricados con una máquina, de preferencia electrónica.

Gabriel Zaid, Cómo leer en bicicleta

Durante mi trayectoria como bloguero, y como tuiteador, distintos medios de comunicación han hecho reseñas sobre mi trabajo.

A continuación, una muestra de las que más me han conmovido:

“@ganstotw es el tuitero más ingenioso, audaz y sexualmente atractivo, que haya nacido en 1983, que viva en Neza, que no tenga novia y que haya hecho una tesis sobre El Santo. ¡Es único!”.

Periódico Metro-sexual

“Después de Carlos Fuentes, no ha habido un tuitero que haya cometido menos faltas de ortografía en sus tuits, entre las 17:15 y las 17:30 del 14 de abril del 2009, que @gansotw ¡Impactante!”.

Periódico Deforma

“Nunca nadie, ni Borges ni Juan Villoro, logró subir más textos a La Casa del Ganso que @gansotw. ¡Alucinante!”

Periódico El (porno) Gráfico

“Nunca en la historia del bloguerismo mexicano, hubo un personaje como @gansotw, que teniendo un padre calvo, y habiendo comido gorditas frente a la FES Aragón, para luego titularse en el 2007, y escribir un post sobre torteadas en el Metro, tuviese un mayor dominio del monólogo subjetivo, expresado por una marmota. ¡Sorprendente!”

Revista H para Hermafroditas

Y por último, la reseña de una chica con la que compartí alcoba el año pasado:

“Durante mi vida sexual, nadie me había dado tanto placer, en un hotel barato del Centro, un miércoles de ceniza del 2008, entre las 9:00 am y las 9:05 am, como @gansotw. ¡Qué aguante!"

Mientras todo pasa

Además de tuitear como junkie, y de ver soft-porno como junkie, y de comer panditas como junkie, he leído mucho en los últimos meses. De ahí que quiera hablares un poco sobre mis lecturas, y sobre la roncha que me salió en la entrepierna. Aunque, creo que el segundo tema lo guardamos para Navidad. Por ahora nos quedamos con la literatura. Sí, mejor.

Aclaro que no soy crítico literario, ni ensayista, ni Carlos Monsiváis. No huelo a pipí de gato, no insistan. Sólo soy un hombre que lee ficción. Y que habla sobre ello. Punto.

Ahora, como dijo el descuartizador, vamos por partes.


Grandes Esperanzas



Me lo leí como en 15 viajes de Metro. Es obra de un tal Dickens. Tal vez lo recuerdan por proyectos como Cuento de Navidad, u Oliver Twist. No ha publicado mucho últimamente. Cuando mueren, los escritores se vuelven flojos. Pero bueno.

Grandes Esperanzas narra la historia del pequeño Pip. Que es pobre, huérfano, y para colmo tiene una hermana malosa. Ay, pobre Pip. Además vive cerca de un pantano. Su destino es convertirse en herrero… pero un día, tómala barbón, recibe una misteriosa herencia. Y conoce a una chava que también es malosa, pero está bien guapetona, así que se enamora de ella, y se pone como meta convertirse en todo un gentleman.

Pero la vida no es fácil (nadie nos prometió un jardín de rosas). Giros inesperados, que harían palidecer a los guionistas de Lost, meten a Pip en muchos aprietos.

Quizá la historia, a estas alturas el 2009, pueda parecernos anticuada –es del siglo XIX-, o lenta. Pero dándole su tiempo, nos regala muchas sorpresas. Mucho mejor que chutarse la telenovela de Belinda.

La Sombra del Viento



Fue la Concharra quien me habló maravillas de esta novela de Carlos Ruiz Zafón. Entonces, yo se la recomendé a mi amiga Elvia, y ella se la regaló a una amiga suya, y luego esa amiga se la prestó a mi amiga, y ella me la prestó a mí. Uff. ¿Entendieron?

Tuiteando con @chilangelina, coincidimos en que La Sombra del Viento tiene un vocabulario muy rico, lleno de palabras que ya nadie usa, que están como empolvadas, y que valdría la pena retomar.

La trama es de puritito suspenso. Una de esas historias en que uno tiene que leer hasta la última página para saber quién es el asesino (no es Darth Vader, de una vez les digo).

El protagonista es Daniel Sempere, un morrito que le promete a su padre mantener viva una vieja tradición familiar, y cuidar alguno de los ejemplares del Cementerio de los Libros Olvidados.

Daniel elige, por azar, una novela titulada “La Sombra del Viento”. Resulta que es un libro rarísimo. Quedan muy pocas copias, debido a que un hombre que se ha empecinado en quemar cada una de ellas. Además su autor, Julián Carax, murió en circunstancias bastante farragosas.

Al tratar de resolver el misterio, Daniel se va topando con personajes y circunstancias acá bien acá, que a uno lo mantienen bastante entretenido.

La Sombra del Viento tiene como escenario principal la ciudad de Barcelona. Ocurre durante los años posteriores a la Guerra Civil Española. De hecho, es una crítica al franquismo, o a cualquier régimen autoritario.

Este libro ha vendido, según Wikipedia, más de 10 millones de copias. Entonces, seguro lo han leído. Si no, les recomiendo que lo hagan.


Crepúsculo/Amanecer


En los próximos días inundará todas las salas de cine la segunda parte de la saga de vampiros adolescentes, titulada Amanecer. ¿Será tan mala como su antecesora? Ya lo creo. Con todo y que Thom Yorke forme parte del soundtrack.

Las novelas no son mucho mejores. Leí Crepúsculo y Amanecer. De entrada, me parecieron bastante cursis. Pero supongo que yo no soy el target al que le tira este producto. Sin afanes misóginos, creo que está pensada para chavitas fresas, de esas que dibujan corazones con pluma de tinta rosa.

De hecho, la narración es el diario de una adolescente, de Bella, una chica común, ni muy fea ni muy guapa, algo torpe y antisocial. Al mudarse a otro pueblo, tiene que adaptarse a sus nuevos compañeros de escuela, al clima, a todo. Se siente un bicho raro. Algo muy común en los adolescentes, right?

Pero entonces, de la nada, un vampiro metrosexual (Edward), onda new age, se enamora de ella. Y ella también lo ama. Y se besan. Y andan. Y ay qué bonito. Hasta que su condición de vampiro pone en su riesgo a su amada. Ahí nos damos cuenta de que es un amor imposible -snifff-.

Eso pasa en Crepúsculo. En Amanecer, se agrega otro ingrediente: hombres lobo adolescentes. Y ahí tienen, un triángulo amoroso. Bella llora como Magdalena cuando el vampiro la corta. Entonces se pone emo. Ama tanto al vampiro, que no puede apreciar a Jacob, un hombre lobo, que a fin de cuentas sólo le sirve de paño de lágrimas.

Todo bien empalagoso. Con muy poca acción. Sin sexo salvaje. Aburriiiido. Pero bueno, yo soy un viejo amargoso. Puede que a ustedes, que todavía creen en el amor, les parezca una buena opción para leer en el baño.



Me falta hablar sobre cuatro libros: El Aleph, de Borges. Abril Rojo, de Santiago Roncagliolo. Kafka en la orilla, de Murakami. Y A Long Way Down, de Nick Hornby. Pero eso lo dejamos para el próximo dómingo, ¿va?

Ahora debo dormir. Y soñar con Katy Perry luciendo una tanga diminuta. Síganme en Twitter, no lo olviden: @gansotw Y ya.

Blogger Templates by Blog Forum