Pasé la mañana confeccionando un obsequio para una amiga. Más tarde, cuando traté de entregárselo, ella lo rechazó. Auch… Creo que no cumplí con la regla que dice “no hagas cosas buenas que parezcan malas”. O simplemente no elegí el momento adecuado. Yo qué sé.

¿Cómo es que tengo la capacidad de ofender y lastimar a las personas que quiero justo cuando pretendo ayudarlas? ¿Por qué Dios no me dio otras habilidades? ¿No pudo hacerme bueno para jugar palitos chinos o para pelar cebollas?

Creo que de ahora en adelante me relacionaré con objetos y no con seres humanos. Mis amigos serán un matamoscas y un rayador de queso. Mi confidente: un pisapapeles. Así evito hacer cosas estúpidas como la que hice hoy.

Por si se lo preguntan, el regaló lo tiré a la basura. Que se lo coman las ratas o que lo aproveche un vagabundo.

Me duele el pecho. Y las orejas.




En primera le agradezco al Taquero Narco por haberla reseñado en su Ojo Rojo. Creo que se pasó de entusiasmo con la calificación que le puso, pero de que rifa, rifa.

La movie tiene todos los elementos que uno puede esperar de Quentin Tarantino: violencia estilizada, diálogos que parecen interminables, quotable lines, chicas malas, un baile erótico, y por supuesto un sin fin de guiños a películas de serie b de los 70 o incluso a su propia filmografía (uno de los personajes –el de Rosario Dawson- tiene como tono de celular el chiflidito de Kill Bill, por ejemplo).

El argumento es sencillo. Un stuntman o doble de acción, interpretado por Kurt Russell, es un asesino serial que le tiene mala fe a las chicas guapas, por lo que las persigue en su auto para tratar de darles mate.

En el primer segmento, stuntman Mike (Russell) anda tras un grupo de jovenzuelas que, como diría Cindy Lauper, sólo quieren divertirse (entre ellas la morenaza de fuego, Jungle Julia, y la dulce Butterfly, interpretada por Vanessa Ferlito).

Tarantino las muestra como las víctimas tradicionales: están bien buenotas, andan por la vida con ropa ajustada, y además deciden caerle a un bar para darse un toque, chupar y pasarla bien con unos tipos. Hasta ahí todo parece indicar que es otra de esas historias en las que a las damiselas en peligro les rebanan hasta la rabadilla y ellas se limitan a gritar.

Pero nel pastel. Más adelante, nos topamos con personajes de chicas combativas, fearless, que sueltan putazos, dicen palabrotas y conducen un auto como a 5000 mil kilómetros por hora. De ahí que Rosario Dawson diga en el material extra: “This is Quentin´s badass chicks film”. Eso me late chocolate.


"El carro es de mi mamá". Je, je.

Otro punto bastante chido, es el hecho de que toda la cinta es un homenaje a los stunts o dobles de acción, por lo que vemos choques de autos que están de no mamar, además de una persecución que dura casi 18 minutos y que seguro se convertirá en un clásico del cine (una de las protagonistas, Zoe Bell, es una stunt que trabajó en Kill Bill y a la que Tarantino le dio la oportunidad de actuar en DP, donde ella misma hizo todas las secuencias de acción).

Creo que sobra decir que la música te engancha, que la fotografía está muy bien realizada (la primera parte tiene la estética de una película setentera) y que Tarantino, como siempre, la cajetea al actuar en sus propios proyectos. Quizá también le faltó concretar algunos personajes que quedan en el limbo o son intrascendentes, además de reducir la extensión de algunos de los diálogos. Pero coincido con el Taquero: Death Proof funciona. Es entretenida, emocionante y audaz. Así que consíganla pero a la de ya.

Ya por último les dejo la escena del Lap Dance de La Mariposa, otra razón de peso para comprar el DVD:




Otro post sobre cine, acá.

 

Acabo de regresar de Texcoco, donde me reuní con un empresario que es dueño de un portal de noticias en internet y que anda buscando un reportero que cubra la Feria del Caballo.

Nos quedamos de ver en un Vips, para tomar un café y platicar sobre su oferta laboral y mis pretensiones económicas. Pero a la mera hora ya ni hablamos de eso. Empezamos a hablar de política. Y eso nunca lleva a nada bueno.

Entre otras cosas, debatimos temas como la calidad del periodismo mexicano. Según él, Julio Scherer fue casi casi un pendejo que no hizo nada por el país, mientras que Jacobo Zabludovsky fue un buen periodista, casi casi un prócer. Además, Proceso es una revista que es manejada desde la Secretaría de Gobernación, por lo que todos sus artículos son una farsa.

Le di mis ideas al respecto, y él se empezó a irritar. Luego siguió refiriendo cosas como que la FES Aragón es una basura, y que él conocía a Carlos Slim, y que trabajó en el Senado, y que los comunicólogos y los jóvenes somos unos ignorantes, menos los que salen de la Ibero.

Pero el momento en que más se encabronó, y cuando de plano me dijo que no le interesaba contratarme, fue cuando le mencioné que la educación en México nunca iba a mejorar con una líder sindical como Elba Esther Gordillo, que entre otras cosas le regalaba hummers a sus agremiados.

Él me respondió que ese hecho no tenía ninguna trascendencia y que no le saliera con “ocurrencias” de ese tipo, porque así demostraba mi falta de conocimiento sobre la historia de México, mi escasa capacidad de síntesis, mi pendejez, y él no iba a perder el tiempo explicándome cómo funcionan las cosas.

-¿Por qué?, le cuestioné.

- Pues porque gracias a sindicatos como ese, vivimos en paz.

- ¿En paz? Yo no vivo en paz sabiendo que hay tanto desempleo, e inseguridad, y falta de educación de calidad, en gran parte gracias a personajes como Elba Esther.

En ese momento fue cuando se hartó, me pidió disculpas por haberme hecho perder el tiempo y me hizo saber que no le interesaba contar con mis servicios.

Le dije que no había bronca, pero no dejé de insistirle en que el tema de las hummers era una muestra de la corrupción que hay en México, que no era sólo una “ocurrencia” de mi parte, y que de hecho la gente debería de protestar por abusos como ese.

Entonces escupió la frase del día:

- Si no quieres corrupción, vete al limbo. Aquí así son las cosas.

Me levanté, le di las gracias, me dio un abrazo de Judas y todavía me aconsejó:

- No hables así, porque de ese modo nadie te va a contratar.

Ya no le respondí nada. Pero camino a la puerta me fui pensando: ¿Que no hable cómo? Seguro quería que le dijera: “sí, señor, tiene razón, huy sí, claro, Jacobo es la riata en patines, sí, aquí el que no transa no avanza, bien por Elba, ajá, seguro”.

Pero no lo hice. ¿Creen que la regué? Por lo pronto nomás fui hasta Texcoco para hacer corajes. Chale.

 

Hoy fui a las instalaciones de otro periódico de circulación nacional. Uno que está cerca del metro Zapata. Ahí, un directivo me pidió la dirección de mi blog. Yo no quería dársela, porque qué iba a pensar de mí y de esta casita tan vulgar, tan repleta de nimiedades. Pero él insistió. Así que no me quedó de otra. Lo abrió para checar qué tal estaba. Leyó por encimita algunos postos y recuerdo que me dijo: “está interesante”. Luego se río con algunos párrafos. Me hizo notar que lo actualizaba constantemente, lo cual estaba chido. Finalmente lo cerró y yo dejé de sudar frío.

Como que últimamente he tenido muchas aventuras tipo Chip y Dale. ¿Qué ocurrirá mañana? ¿Descubriré que Agustín Carstens es mi tío? ¿Me atacarán unas marmotas asesinas? Por lo pronto tengo programado viajar a Texcoco. Ya les platicaré.

La foto me la crestomatié de su blog


Estaba yo sentado a unos cuantos metros de la Esquina de la Información, a las vivas por si un editor salía a la calle gritando que necesitaba urgentemente un reportero (je), cuando pasó caminando frente a mí la mismísima Plaquets.

Fue justo a las 15:55 horas cuando la vi aproximarse hacia donde yo me encontraba, en la esquina de Bucareli con Juárez, frente a la Torre del Caballito (que al parecer está siendo remozada).

Y no mamar, qué guapa es.

Llevaba zapatos rojos, medias opacas, faldita cuadriculada y una bolsa multicolor colgándole del hombro derecho. Es una chava que difícilmente puede pasar desapercibida. Por su personalidad, por su greña, por lo que quieran.

Creo que aunque no lo conociera por su blog, igual la hubiera observado con detenimiento (tal como lo hicieron un oficinista y un policía que estaban por ahí, quienes hasta alargaron el pescuezo con tal de verle las piern(ot)as al momento en que ella se alejaba del lugar).

Supongo que Plaqueta sintió que no le quité los ojos de encima, aunque sea por esos breves segundos, porque alcancé a darme cuenta de que me echó la típica mirada de "¿qué me ves, cabrón?".

Para colmo yo también iba vestido de oficinista come tortas de jamón. Por eso y porque era evidente que ella tenía prisa, no la molesté para decirle que soy fans de su blog, ni para pedirle un mechón de su cabello o que me autografiara la barriga.

Ya tendré oportunidad de hacerlo. Hay que tener paciencia. Por lo pronto siempre queda el gusto de leer su blog. Todo un clásico de la Interné.

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